Suheyn Cipriani se defiende tras revelaciones sobre sus órdenes de servicio en el Congreso: «No hay nada irregular».
La gestión pública y el espectáculo vuelven a colisionar. Suheyn Cipriani, reconocida por su trayectoria en certámenes de belleza, se encuentra en el centro de una controversia tras revelarse detalles sobre su contratación en el Congreso de la República bajo la modalidad de órdenes de servicio, específicamente en el despacho de la Presidencia durante el año 2024.

El descargo de Cipriani En una reciente entrevista con Infobae Perú, Cipriani intentó disipar las dudas sobre su idoneidad para el cargo y la naturaleza de sus funciones. «Mis visitas no estuvieron relacionadas con temas negativos», afirmó, saliendo al paso de las críticas que sugieren que su contratación fue un «favor político» del entonces presidente del Legislativo, Eduardo Salhuana.
Los puntos clave de la controversia:
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La falta de experiencia: Diversos informes señalan que Cipriani habría cobrado honorarios de S/ 4,500 por tareas administrativas y de apoyo para las cuales, según sus detractores, no presentaba el perfil técnico necesario.
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El registro de visitas: Se cuestionan ingresos al despacho presidencial que duraron horas, los cuales ella justifica como parte del flujo normal de su trabajo en la redacción y coordinación de eventos.
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El aval empresarial: La modelo presentó documentos de una empresa privada que respaldaba su experiencia previa, aunque para muchos analistas, esto no justifica un puesto en la alta dirección de uno de los poderes del Estado.
Análisis de la situación Este caso reaviva el debate sobre la «meritocracia» en el Congreso peruano. Para la opinión pública, el paso de figuras mediáticas por planillas estatales suele ser visto con sospecha, especialmente cuando los procesos de selección no son transparentes. Cipriani insiste en que su trabajo fue real y que está siendo víctima de un escrutinio desmedido por su pasado en el modelaje.
Sin embargo, en un contexto electoral de 2026 donde la austeridad y la lucha contra el «tarjetazo» son banderas de campaña, la explicación de la exreina de belleza podría no ser suficiente para calmar las críticas de un electorado harto de los privilegios en el Palacio Legislativo.









